
Cada año, la Ciudad Imperial se transforma en un escenario de fe viva. Miles de fieles, músicos y danzantes se reúnen en la Plaza de Armas para honrar una tradición que ha sobrevivido siglos, fusionando la herencia católica con el misticismo del mundo andino. Si buscas una experiencia que conecte con la esencia más profunda de la cultura peruana, el Corpus Christi es el momento ideal para visitar Cusco. En este artículo, en AndeXperience, te llevamos a recorrer su historia, sus impactantes procesiones y la gastronomía ancestral que acompaña esta festividad.
Para comprender el Corpus Christi cusqueño, hay que mirar al pasado. Antes de la llegada de los españoles, los incas celebraban el Inti Raymi y paseaban las momias de sus gobernantes por el Qosqo. Con la conquista, la Iglesia Católica reemplazó estas momias por imágenes de santos y vírgenes, dando origen a un sincretismo cultural único.
La festividad se celebra siempre un jueves, 60 días después del Domingo de Resurrección. Más que una ceremonia religiosa, representa la adaptación y resistencia cultural de un pueblo. Cada barrio compite por presentar a su santo patrón con imponentes andas, mantos bordados y comparsas llenas de música y color.
Dato viajero: la campana más grande de Sudamérica, la María Angola de la Catedral del Cusco, solo repica en ocasiones especiales, y el Corpus Christi es una de ellas.

El Corpus Christi es una fiesta móvil y se extiende por más de una semana, aunque el día central es jueves.
Pro tip: llega a la Plaza de Armas desde las 10:00 a.m. para vivir La Entrada. El encuentro entre San Jerónimo y San Sebastián es uno de los momentos más emocionantes.
Durante el día central, la Plaza de Armas se convierte en un mar humano. Las procesiones son un espectáculo de arte sacro en movimiento: imágenes monumentales, cargadas al hombro por cuadrillas de devotos, avanzan al ritmo de la música tradicional.
Entre los 15 santos y vírgenes, destacan:
Ver estas imágenes rodeadas de miles de personas bajo el sol del invierno andino es una experiencia que eriza la piel.

Hablar del Corpus Christi es hablar del Chiri Uchu, el plato emblemático de la festividad. En quechua significa “ají frío” y se consume tradicionalmente solo en esta época del año.
Se sirve frío y la tradición indica probar un poco de cada ingrediente para disfrutar la combinación completa de sabores.
Tip gastronómico: la mejor opción es la feria de la Plaza San Francisco. Los puestos más concurridos suelen ser los más auténticos.


El Corpus Christi en Cusco demuestra que el pasado sigue vivo en la fe de su gente, en el brillo de las andas y en el sabor compartido de un plato ancestral. Es una invitación a descubrir un Cusco que va mucho más allá de Machu Picchu.
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